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Editorial

El Ala de Myriam Stefford: un gigante olvidado que reclama memoria

El Ala de Myriam Stefford: un gigante olvidado que reclama memoria
Por Jorge Carubba

Hablar hoy del Mausoleo de Myriam Stefford –conocido como el Ala– es hablar de abandono, misterio y deudas históricas. Esta imponente estructura, levantada en 1936 a la vera de la Ruta 5, en el paraje Los Cerrillos, Córdoba, fue construida por el millonario Raúl Barón Biza en honor a su esposa, la aviadora Myriam Stefford, fallecida en un accidente aéreo en 1931. Con sus 82 metros de altura y 15 de cimentación, fue el monumento más alto de Latinoamérica en su época y, aunque su forma es indefinible, recuerda a un ala de avión, símbolo del sueño de vuelo que marcó la vida de Myriam.

Pero la majestuosidad del Ala contrasta con su estado actual. Lo que alguna vez fue un museo con cuadros, trajes de piloto, el motor del avión Chingolo y pertenencias de Myriam, hoy está cerrado, saqueado y en ruinas. La puerta principal permanece soldada, las escaleras interiores acumulan pilas de palomas muertas y el lugar, sin señalización ni cuidados, se ha convertido en un espacio de riesgo. La luz roja de seguridad que debía encenderse en su cima para alertar a las aeronaves está apagada. ¿Cuánto tiempo más se permitirá que este patrimonio histórico siga representando un peligro para la navegación aérea y para quienes se acercan a conocerlo?

El deterioro no es el único motivo de inquietud. A las sospechas de que el accidente aéreo de Myriam en Marayes (San Juan) fue algo más que un simple siniestro –con fotografías que muestran cuerpos en posiciones extrañas y supuestas marcas de bala– se suman las leyendas que envuelven al monumento. Policías retirados y allegados a la familia Barón Biza aseguran que, durante las pericias por el robo del cuerpo de Myriam, se hallaron dos féretros en lugar de uno. Otros testimonios hablan de valijas enterradas en la base de cemento. Supuestamente cargadas de joyas y objetos personales, incluso del mítico anillo de 45 quilates conocido como La Cruz del Sur. ¿Qué secretos guardan esas toneladas de cemento? ¿Qué historia se esconde detrás de las versiones sobre los féretros y las pertenencias perdidas?

En una reciente visita clandestina, realizada durante la filmación de un documental, pude recorrer parte del interior. Descendí escaleras que conducen a un salón profundo, revestido de azulejos blancos, donde todavía se ve la chapa del ataúd original. Allí descubrimos maderas de féretros, pequeños huesos en una caja y una misteriosa corriente de agua que parecía surgir de la nada. ¿De dónde viene ese agua si no hay cañerías, acequias ni lagunas cerca? Todo esto, mientras el tiempo apremiaba y una camioneta llegaba a cerrar el mausoleo con la indiferencia de quien cuida un bien sin valor.

El nieto de Barón Biza, actual propietario, vive en Francia y ha dejado el Ala en un limbo legal. No lo cuida, no lo vende ni permite su recuperación. Mientras tanto, el gobierno provincial mira hacia otro lado, pese a que el monumento incumple normas de seguridad y forma parte del patrimonio histórico y cultural de Córdoba. ¿Por qué el Estado tolera que un bien de semejante valor siga en manos privadas que lo condenan a la ruina? ¿Qué espera el Gobierno para actuar?

El Ala no es solo un monumento funerario: es el recuerdo de una de las primeras mujeres argentinas en desafiar los cielos y el símbolo de una historia de amor, tragedia y poder que merece ser contada. Cada día que pasa sin que el Estado intervenga, la memoria de Myriam Stefford y el valor patrimonial de este sitio se pierden un poco más.

Por eso, la expropiación ya no es una opción a debatir, sino una necesidad urgente. Córdoba no puede permitir que este gigante de cemento siga hundiéndose en el olvido.La pregunta no es si hay que intervenir, sino cuándo. Y si de verdad importa la memoria, la respuesta solo puede ser una: ahora.

carrubbajorge@yahoo.com.ar

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