En tiempos donde la palabra valía más que un papel, los vecinos eligieron a Don Isauro Liendo para mantener el orden y la paz en épocas electorales en José de la Quintana. Su hijo Francisco recuerda aquellos días de elecciones de hace más de 70 años, entre asados, sulkys y promesas de otro tiempo.
Hace más de siete décadas, en los años de los primeros gobiernos peronistas, las elecciones se vivían con una pasión distinta. Los vecinos se conocían por nombre y apellido, y la confianza era el principal voto de fe. En ese contexto, nació la historia de Don Isauro Liendo, un hombre querido y respetado, que llegó a ser comisario no por designación política, sino por pedido de su propio pueblo.
Su hijo, Francisco Alberto Liendo, recuerda aquellos días con emoción: “Recuerdo los asados, la taba, la gente en sulky o a caballo, los bigotes a la moda, las viandas que se compartían… eran tiempos distintos, llenos de vida y de cercanía”.
El querido algarrobo
En ese entonces, la gente se reunía en la casa de Don Liendo -o el Caudillo, como le decían-, y abajo del algarrobo jugaban a la taba y al truco, mientras transcurría el comicio de todo el día. Preparaban la comida -que generalmente era una vaca con cuero- para que las personas pudieran pasar el día allí. Él era el encargado de llevarle la comida a los presidentes y fiscales de mesa, independientemente del partido que fueran. También iban a buscar a la gente para que votara en la escuelita primaria del pueblo. Así transcurrian las jornadas electorales, en la verdadera fiesta de la democracia.

Detrás de esas escenas campechanas había una labor constante. Don Isauro dedicaba días y noches a recorrer cada rincón, sin importar el frío ni el calor. Siempre acompañado por “la Chirola”, su inseparable compañera, trabajaba por el bienestar de todos sin buscar reconocimiento.

Tanto era el cariño que le tenían, que fueron los propios vecinos quienes impulsaron su nombramiento como comisario, en lo que muchos recuerdan como un verdadero “operativo clamor”.

Hoy, la historia de Don Isauro Liendo revive un modo de entender la política y las elecciones de antes, donde el compromiso y la palabra valían más que cualquier cargo.

