Desde aquella escuelita de fútbol a los 8 años hasta su debut en Primera con apenas 16, Ubaldo Miralles construyó una historia profundamente ligada a Deportivo Norte. Jugador, formador y trabajador del club, hoy comparte plantel con chicos a los que acompañó desde las inferiores y define al Deportivo como su casa.
La relación de Ubaldo Miralles con el fútbol comenzó mucho antes de que pudiera imaginar todo lo que ese deporte iba a significar en su vida. De chico, cuando vivía en un pueblo donde había poca televisión y pocos videojuegos, la pelota aparecía como una invitación natural a salir a jugar.
“Nosotros salíamos a jugar a la calle, al patio, a la plaza. Y bueno, para salir a jugar buscábamos la pelota. Ahí comencé, batiendo la pelota, jugando con mis amigos en la placita”, recordó con AGNoticias.
Su papá también tuvo una fuerte relación con el fútbol y, a sus 60 años, continúa jugando. Sin embargo, Ubaldo reconoce que no recuerda exactamente si fue él quien le inculcó la pasión o si simplemente nació de manera natural.
A los 8 años comenzó en una escuelita de fútbol llamada San Pablo Apóstol, en Córdoba. Allí iba junto a dos primos y entrenaba dos veces por semana, mientras que cada quince días participaba de encuentros. “Íbamos a entrenar y mi viejo nos esperaba. Vivíamos en el pueblo y era en Córdoba, así que había que ir y esperar”, contó.
Tiempo después llegó el paso a Boca de Barrio Cámara, a partir de un contacto de su padre. Allí encontró una dinámica diferente: más roce, partidos todos los fines de semana y una competencia que lo llevó a involucrarse todavía más. “Me gustó mucho más jugar en el club que en la escuelita”, aseguró.
Una pasión que fue creciendo
Con el paso de los años, el fútbol comenzó a ocupar cada vez más espacio en su vida. Al comenzar el secundario llegó a Deportivo Norte y, progresivamente, los entrenamientos fueron aumentando en cantidad y duración. “Con el correr de los años cada vez sumaba más entrenamiento, ya sea un día más o más tiempo. Pasé de una hora y media a dos horas y me fui dando cuenta de que era lo que me gustaba”, explicó.
Su llegada al Deportivo también estuvo vinculada a contactos y compañeros de su etapa escolar. Desde entonces comenzó un recorrido que lo llevaría a atravesar distintas categorías y, posteriormente, a convertirse también en trabajador del club.
Cuando debutó en Primera, la exigencia aumentó. Entrenaba con su categoría y, en algunas ocasiones, también con el plantel superior. Al terminar el secundario, un profesor le propuso darle una mano en el club y aceptó. Al año siguiente comenzó a trabajar allí.
Su adaptación al grupo tampoco fue un problema. “Tengo una personalidad que me permite sumarme rápido a un grupo o afianzarme rápido. Soy jodón y muchas veces en un grupo no me cuesta adaptarme”, contó.
Un debut en Primera con apenas 16 años
El salto a Primera llegó cuando todavía era muy joven. En aquel momento, las inferiores de Deportivo Norte tenían pocos jugadores, por lo que era habitual que los mismos chicos disputaran partidos en distintas categorías.
“Éramos 14, 15 con mucha suerte, 18. Muchas veces nos tocaba jugar los sábados en Reserva y los domingos en nuestra categoría, e incluso todo el partido en Reserva y todo el partido en nuestra categoría porque no había muchos jugadores”, recordó.
En su primer año de cuarta división, un conflicto con parte del plantel de Primera derivó en el ascenso de varios jugadores de aquella categoría al equipo superior. Así, con apenas 16 años, Ubaldo pasó a compartir cancha con futbolistas que tenían muchos más años de experiencia.
“Miedo no, nervios puede ser. Obviamente estaba acostumbrado a jugar con un chico de mi edad o con poca brecha de edad. Jugar con un jugador de 30 años implicaba otra cosa”, explicó.
Su debut quedó grabado en su memoria: fue en cancha de Lasallano, un viernes por la noche. Deportivo Norte empató 2-2 y Ubaldo recuerda incluso una ocasión muy particular: tuvo un gol y lo erró. «Recuerdo prácticamente todo. Jugué de cuatro y lo tengo presente”, señaló.
El ascenso que vivió como hincha
Uno de los momentos más importantes de la historia reciente de Deportivo Norte fue el ascenso a la Primera A de la Liga Cordobesa. Ubaldo no pudo participar como jugador debido a una operación que debió atravesar ese año, pero estuvo presente desde otro lugar: como hincha.
“Si bien no formé parte como jugador porque me tenía que operar ese año, empecé a entrenar más tarde. Estuve en el equipo como hincha”, contó. Aquel día acompañó a sus compañeros hasta la cancha en colectivo y vivió el partido junto al grupo.
“Fue una cosa de locos. No sé si quiero hacer la comparación, pero fue como salir campeón del mundo con Argentina. El ascenso de la B a la A fue algo que me quedó grabado para siempre”, afirmó. La emoción tenía además un componente personal: muchos de los integrantes de aquel plantel eran sus amigos de toda la vida y su primo también formaba parte del equipo.
“Todos tenemos el mismo sentimiento por el club. Sentimos al club de nuestro corazón”, resumió.
“El Deportivo es mi casa”
Después de tantos años entre las inferiores, Primera y su trabajo dentro de la institución, Ubaldo tiene una definición clara sobre lo que significa Deportivo Norte para él. “El Deportivo es mi casa, es como mi casa”, sostuvo.
Esa pertenencia se construyó durante años. Conoce a los chicos de las categorías más pequeñas, a los mayores y también es reconocido por quienes forman parte cotidianamente de la institución. “Acá me siento protegido, me siento cuidado. El club la verdad que se portó siempre bien conmigo, me dio trabajo, fue uno de los primeros trabajos que tuve y nunca me dio la espalda”, destacó.
Su vínculo con el club también adquirió otra dimensión: hoy comparte plantel con jugadores a los que él mismo acompañó cuando eran chicos.
“Es como un logro, por así decir. Saber que siguen jugando al fútbol los chicos que yo tuve cuando tenían 9 años y hoy tienen 18 o 19, están jugando en el club. Incluso con algunos de 22 o 23 también comparto plantel. Quiere decir que algo bueno les quedó”, reflexionó.
El consejo para quienes están pensando en dejar
Después de tantos años, Ubaldo también tiene un mensaje para los jóvenes que atraviesan esa etapa en la que aparecen otras prioridades: los amigos, las relaciones y la posibilidad de dejar el fútbol. Su consejo es simple: no abandonar.
“Que no deje, que no se pierda de jugar al fútbol porque somos afortunados de poder jugar. Esto tiene un fin. Llega un momento en el que uno no puede jugar más porque está más grande, porque está viejo o lamentablemente porque pasa algo”, señaló.Por eso, para él, mientras exista la posibilidad hay que aprovecharla. “Que no afloje, que no deje”, insistió.
Hoy, además de compartir cancha con muchos de esos jóvenes, Ubaldo también se convirtió en una figura a la que recurren para pedir consejos. Habla con ellos sobre jugadas, situaciones de juego y distintas experiencias dentro de la cancha.
Y así, casi sin proponérselo, aquel chico que a los 8 años corría detrás de una pelota terminó convirtiéndose en parte de la historia cotidiana de un club al que define con una palabra que resume todo su recorrido: casa.




