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Altagracienses por el Mundo

La historia de Gerbaldo: el altagraciense que llevó el pan argentino hasta la costa ecuatoriana

La historia de Gerbaldo: el altagraciense que llevó el pan argentino hasta la costa ecuatoriana

En esta sección te invitamos a conocer las historias de aquellos altagracienses viviendo en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Gerbaldo quien, después de sentirse atrapado por la rutina, decidió dejarlo todo y recorrer Sudamérica hasta llegar a Ecuador, donde hoy vive de su gran pasión: la panadería argentina.

En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más al altagraciense Gerbaldo Agustín.

Después de atravesar momentos difíciles en lo personal y sentirse atrapado en la rutina, Gerbaldo supo que era hora de tomar una decisión radical. “Me sentía estancado”, admitió, y esa sensación fue el motor que lo empujó a buscar un cambio profundo en su vida.

Un día, casi como un acto de impulso pero también de coraje, decidió que si realmente quería transformar su realidad, tenía que hacer algo drástico. “Decidí que si quería un cambio considerable, tenía que dar un gran giro”.

Fue así como resolvió dejar atrás su vida en Alta Gracia y partir rumbo a Brasil. Con la esperanza de encontrar nuevas oportunidades y, sobre todo, una nueva versión de sí mismo.

Su primera parada fue en este país sudamericano, donde pasó seis meses que resultaron decisivos. “Logré establecerme rápido y conseguir trabajo en un restaurante”, contó Gerbaldo, que no dudó en ponerse al hombro múltiples tareas: desde la cocina hasta la barra, pasando por la atención al público.

Aquella etapa fue mucho más que laboral: “Realmente fue una gran experiencia donde aprendí y conocí una cultura diferente pero hermosa”, aseguró con gratitud.

Tras ese tiempo, regresó brevemente a la Argentina, aunque sabía que su camino no terminaba allí. Fue entonces cuando, gracias a un amigo, surgió una nueva posibilidad: viajar a Ecuador. “No lo dudé demasiado”.

Movido por esa mezcla de intuición y deseo de seguir explorando, emprendió un extenso viaje de cinco días en colectivos y avión. Atravesando Argentina, Chile y Perú, hasta finalmente llegar a Ecuador, el país que desde hace casi tres años se convirtió en su nuevo hogar.

El sabor del hogar, horneado lejos de casa

Hoy, instalado en Ecuador desde hace casi tres años, Gerbaldo encontró en una vieja pasión el motor de su presente: la panadería. “Actualmente me dedico exclusivamente a la panificación, principalmente al estilo argentino”, relató y explicó que en su nuevo país de residencia este oficio tiene características muy distintas.

“La panadería es totalmente diferente aquí en Ecuador”, añadió, marcando esa distancia cultural que también lo impulsó a ofrecer algo distinto.

Lo que hoy es su sustento, comenzó como un pasatiempo en su ciudad natal. “Era una actividad que solía realizar por hobby cuando vivía en Alta Gracia”.

Pero ese interés casero empezó a tomar otra forma en el gigante sudamericano: “En Brasil se convirtió en una pequeña fuente de ingreso, ya que hacía pansitos y los vendía por la playa cuando no estaba en el trabajo”, manifestó con orgullo.

Esa experiencia fue el primer paso hacia el proyecto que hoy le da identidad y propósito en su vida lejos de casa.

¿Cómo es la realidad de conseguir trabajo y vivienda en el extranjero?

Instalarse en otro país suele venir acompañado de múltiples desafíos, pero para el altagraciense el acceso al trabajo nunca fue un obstáculo insalvable. “En mi experiencia no fue difícil conseguir trabajo en ninguno de los lugares donde he estado”, sostuvo con convicción.

Esa percepción se reafirmó en Ecuador, donde hoy reside. “Conseguir trabajo como extranjero no es realmente difícil”, declaró, al tiempo que remarcó la particularidad de los pueblos costeros, donde la vida aún conserva una sencillez poco habitual para quienes vienen de grandes ciudades.

Esa misma lógica se extiende también a la vivienda. Según comentó, en estas localidades costeras no existen tantas formalidades al momento de alquilar, lo que facilita mucho el asentamiento de quienes recién llegan. “Aquí la vida es más sencilla, sin muchas formalidades en lo que respecta a los alquileres”, detalló.

Además, Gerbaldo resaltó una alternativa que fue clave en su proceso de adaptación: el voluntariado. Esta modalidad, en la que se ofrece trabajo a cambio de alojamiento, puede ser un gran primer paso para quienes buscan estabilidad sin contar aún con ingresos fijos.

“Es una gran primera opción para comenzar a establecerse o conseguir una pequeña estabilidad al principio”, recomendó, basándose en su propia experiencia.

Montañita: donde el ritmo de vida cambia y el paisaje sorprende

De todos los aspectos que Ecuador le ha regalado, hay uno que Gerbaldo valora por sobre el resto: el ritmo de vida. “Lo que más me ha gustado es la forma en que podés vivir acá”, dijo, resaltando la tranquilidad y el equilibrio cotidiano que encontró en estas tierras. A eso se suma algo que aún lo maravilla: la riqueza natural.

“En cuestión de minutos podés pasar de las playas a la selva o a montañas”, expresó con asombro, como si el paisaje ecuatoriano nunca dejara de sorprenderlo.

Hoy reside en Montañita. Un pequeño pueblo costero que, pese a su tamaño, se ha convertido en un imán turístico para viajeros de todo el mundo. “Vivir en Montañita te expone a una gran diversidad de idiomas”.

Aunque el español es la lengua predominante, lo que más le llamó la atención fue la fuerte presencia del inglés: “Sorprendentemente, además del español, se habla mucho inglés”, señaló.

Por otro lado, gastronomía local también le trajo sus propias sorpresas, sobre todo al comparar los hábitos con los de Alta Gracia. “El desayuno acá no tiene nada que ver con los criollitos y el mate”, contó entre risas.

En su lugar, el día arranca con platos bien distintos, como el bolón con huevos fritos o el famoso encebollado. Una sopa espesa de pescado muy popular en la costa. Al mediodía, la mesa ecuatoriana se llena de arroz con maduro, generalmente acompañado por pescado, chuletas o mariscos.

A todo esto se suma un clima envidiable: “Jamás baja de los 22 ni supera los 30 grados durante el año”, aseguró, encantado con esa estabilidad templada que convierte a la región en un lugar ideal para vivir.

En cuanto al vínculo con la gente, Gerbaldo explicó que, aunque los comienzos pueden ser desafiantes, el trato hacia los extranjeros —y en particular hacia los argentinos— ha sido muy positivo. “Es difícil al principio, pero poco a poco todo se torna más ameno”, reflexionó.

Y destacó con cariño: “El pueblo ecuatoriano es muy amable y respetuoso con los extranjeros. A los argentinos nos quieren mucho en general, aunque nunca falta alguna pequeña ‘pica’ deportiva”, dijo entre risas, dejando ver que la rivalidad futbolera también se cuela entre conversaciones amistosas.

Experiencias personales y consejos para aquellos que están pensando en vivir en otro país

Luego de años de viajes, cambios y aprendizajes, Gerbaldo se queda con una certeza: lo más importante no está en el destino, sino en la decisión de moverse. “He vivido muchas experiencias a lo largo de este viaje”, reconoció, pero si tiene que elegir una enseñanza central, no duda: “La más importante es no dejar de intentarlo y estar siempre dispuesto a salir de la zona de confort”.

Para el joven, ese acto de animarse, de dar el primer paso, es lo que abre verdaderamente las puertas al crecimiento personal. “Es la única forma en la que vemos de lo que realmente somos capaces”, afirmó, convencido de que solo en el riesgo se descubre el potencial.

Por eso, su consejo para quienes sueñan con un cambio, pero aún no se animan, es claro y directo: “Salgan, den ese primer paso, que siempre es el más difícil. Estén tranquilos, todo va a salir bien”.

Gerbaldo invitó a no dejar que el miedo o la incertidumbre se conviertan en freno, porque —como él mismo pudo comprobar— al otro lado del salto muchas veces espera una vida que uno ni siquiera se había imaginado.

¿Volver a Argentina?

Toda persona que emprende un viaje para irse a vivir a otro país lejano y ajeno, lleva consigo en su memoria los recuerdos de los seres queridos que dejó atrás. Gerbaldo no pierde de vista sus orígenes: “De Argentina, lo que más extraño es la gente: mi familia, mis amigos, nuestras costumbres…”, admitió con cierta nostalgia. Si bien ha sabido adaptarse a nuevas culturas y entornos, el lazo con su tierra natal sigue intacto.

Por suerte, incluso lejos de casa, siempre aparece algún compatriota con quien compartir un mate, una charla o una risa que lo conecte con ese pedacito de hogar. “Siempre encuentro argentinos con los que se puede compartir un buen momento”, expresó con gratitud, como si esos encuentros fueran pequeñas anclas emocionales.

Y aunque hoy esté instalado en Ecuador, rodeado de paisajes imponentes y nuevas oportunidades, su sentido de pertenencia no se negocia. “Sí, claro. Por más hermoso que sea afuera, Argentina y Alta Gracia son y serán mi hogar”, indicó con la certeza de quien ha recorrido muchos caminos, pero sabe perfectamente de dónde viene.