Un poco más tarde que otros años, con las muestras visibles de la lluvia nocturna impregnadas en sus cuerpos; con las piernas doloridas pero con el alma plena. Así fueron llegando miles de peregrinos desde anoche al predio de La Gruta.

El Santuario de Nuestra Señora de Lourdes los recibió como cada año con cánticos, misas y alabanzas. Generoso, abrió sus brazos a los peregrinos que le hicieron frente al temporal y sobrevivieron a pura fe, a pura promesa.

Tal vez no sean este año lo de fiestas anteriores. El mal tiempo corrió a muchos, que seguramente se pondrán al día con la virgencita apenas puedan. Pero los más, ellos fueron llegando de a poco y lentamente.

«La mayor cantidad de gente llegó entre las once de la noche y la una de la mañana», cuenta un voluntario de Defensa Civil. «La procesión oficial llegó tipo 6 y algo, mucho más tarde que otros años, por la lluvia», acota uno de sus compañeros.

La mayoría, una vez cumplida la promesa, caminados los treinta y pico kilómetros y habiendo saludado a la Virgen, se volvían a su ciudad. Atiborraban formando largas colas, la terminal de ómnibus que repartía colectivos a cada rato para que nadie tuviera que esperar tanto luego del esfuerzo físico.

Otros, optaron por llegar ayer, instalarse en el camping municipal (qué generosa esta denominación de camping) y sobrevivir allí la tormenta de anoche. Algunos no lo lograron y debieron ser evacuados por Defensa Civil. Cuando la lluvia se hizo insoportable, la Municipalidad a través de Seguridad Ciudadana optó por cortar el suministro eléctrico del lugar,a modo de prevención. Las condiciones de absoluta precariedad en el cableado podrían haberse convertido en un arma mortal para los peregrinos.

Una mujer que a duras penas llegó al predio de La Gruta debió ser atendida médicamente y luego trasladada al Hospital Regional con un cuadro de hipotermia, producto del esfuerzo, la mojadura y la brusca disminución de la temperatura ambiente.

En la calle Bútori, la romería de siempre que mezclaba en un mismo puesto los alfarores que no pudieron venderse en Colectividades, una olla de locro y estatuillas de la Virgen. «No se trabajó como otros años. Menos gente, por la lluvia que además impidió trabajar bien», se quejaba un puestero mientras ofrecía velas a 20 mangos el paquetito.

11 de febrero en Alta Gracia. Virgen de Lourdes y peregrinación que este año estuvo teñida por el mal tiempo y la lluvia torrencial. Tal vez sin la cantidad de feligreses de otros años, pero con la misma fe y la misma pasión de siempre.




