Por la Dra. Laura Iglesias (Especial para «La Educación sobre la Mesa»)
“Bullicio afortunado que expresas vida: condensas el habla, la risa, el movimiento, la música de la palabra. Un aula bulliciosa es señal de estudiantes, que, en parte inquietos, contentos, enérgicos, pero que por su parte están aprendiendo.”
Qué misterio el silencio, que guarda verdades y representa sonidos. Cuantos atributos sociales y culturales se inscriben en su nombre. Hoy traemos de visita el bullicio para que irrumpa el silencio. Bullicio que habla en un alboroto, siendo en ocasiones definición de sedición, y entonces te ves como “sublevación de las pasiones”. Otras veces asociado a la condición de trazos cambiantes, inestables, de algo que no se controla, incluso como algo que nos sucede y que hasta llegamos a padecer.
¿Y qué hay del bullicio que se siente como un buen clima, de días alegres, compartidos, de amistades, de movimientos que energizan?. Bullicio que dentro del aula escapa al control de quienes están allí adentro: ensayos para actos en el patio de la escuela, ingreso de docentes al aula. Ruidos de sillas y mesas, sonido de voces que dan cuenta de la presencia de estudiantes. A partir de estas definiciones, podríamos preguntarnos si acaso el bullicio se hace presente cual modo de protesta de alumnos que se ponen “bulliciosos”, por momentos más o menos constantes, como muestra de rebeldía frente a clases que quieren un silencio perpetuo. Este “bullir estudiantil” que busca imagen propia, ¿será señal de aburrimiento?. ¿Será quizá un atisbo de que falta algo esencial en el aula, el desafío de aprender?
Entremos al aula
Un aula silenciosa puede ser, ciertamente, expresión de estudiantes respetuosos, interesados, concentrados. Pero en contraposición, puede insinuar que están poco estimulados, aburridos, apocados, entre otros descriptores. Una clase bulliciosa, contra todo prejuicio, en cambio estaría denotando un buen indicio.
Un ambiente tranquilo de estudio no implica necesariamente una práctica íntegra del silencio. Si asentimos que favorece el proceso de aprendizaje, en cuanto genera condiciones favorables para la concentración y atenúa la conflictividad. Dentro de las razones que invitan a gestionar momentos apacibles en el aula están las actividades que requieren del desarrollo de la memoria para completar variadas consignas. Como por ejemplo la lectura y exploración de diferentes fuentes y textos, con variados propósitos. Estas instancias serán el resultado de secuencias de enseñanza cuidadosamente diseñadas. Que promueven en los estudiantes la capacidad de auto gestionar las condiciones que favorezcan la resolución de determinadas propuestas didácticas.

Sí al bullicio
En la actualidad la pedagogía se posiciona con un enfoque que ubica al alumno en el centro del proceso de aprendizaje. Esto, con la idea base de un estudiante protagonista, con docentes capaces de ser guías y facilitadores de éste andamiaje. En un aula ruidosa, o, mejor dicho, la que no es silenciosa, imaginemos que todo el llamado “ruido” proviene de los alumnos que hablan entre sí en para resolver actividades y alcanzar nuevos aprendizajes. ¿Cuáles son los beneficios que esto aporta? Los alumnos necesitan acompañamiento y orientaciones para trabajar entre pares. Esto no sucede automáticamente.
Las propuestas didácticas deben diseñarse cuidadosamente para que el trabajo colaborativo sea desafiante y enriquecedor. Promuevan el diálogo constructivo, el intercambio de ideas, la coordinación espontánea de la escucha y los turnos de habla. La participación en la toma de decisiones para resolver las situaciones problemáticas, el espacio que habilita el indagar y dudar, entre otras posibilidades a brindar.
Bullicio con sentido
Así como el aula silenciosa tiene su lógica, si queremos un ofrecer espacio en donde los alumnos participen activamente, debemos permitir entonces que hablen, y mejorarán su capacidad de expresión oral. Lo que los hará capaces de articular su aprendizaje y desarrollar enfoques metacognitivos, ejercitarán prácticas de argumentación que conducen al » interpensamiento», que implica considerar nuevas ideas y pensar en conjunto.
Si nuestras clases están sumidas en silencio, podemos perdernos los beneficios del bullicio positivo, que a través de propósitos claros y con sentido favorecen la construcción de aprendizajes significativos para nuestros estudiantes.
Que disfruten un domingo bullicioso de alegría.




