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Llegó desde Misiones y conquistó Alta Gracia a fuerza de pan casero y trabajo

Llegó desde Misiones y conquistó Alta Gracia a fuerza de pan casero y trabajo
En Alta Gracia, el olor a pan casero y tortillas calientes que sale de algunos puestos ya es conocido por cientos de vecinos. Detrás de esos productos está Ramón, un trabajador que llegó desde Misiones y que, junto a su familia, logró construir un emprendimiento que se convirtió en una postal de las calles de la ciudad. // Ver reel.

La historia comenzó cuando Ramón y su hermano decidieron dejar otras actividades para apostar por la elaboración y venta de pan casero. Ya contaban con algunos conocimientos porque su hermano había trabajado anteriormente en ese rubro y decidieron “salir a la aventura”, como él mismo recuerda.

“Nos fue bien, gracias a Dios, con la ayuda de la gente, porque nos conocen mucho”, cuenta Ramón. Con el tiempo, el emprendimiento fue creciendo a partir de algo que para ellos resulta fundamental: la constancia.

Actualmente, la familia cuenta con distintos puestos de venta en Alta Gracia. Uno de ellos está frente a la cancha de rugby y otro frente a la cancha de Banfield, en barrio La Perla. En cada lugar, el movimiento comienza temprano y se sostiene durante toda la jornada.

El trabajo también es familiar. Sus hijos participan de la actividad y cada puesto permite que más integrantes puedan aportar al emprendimiento. Ramón explica que, con un solo punto de venta, sería difícil generar los ingresos necesarios, por lo que decidieron ampliar la presencia en distintos sectores de la ciudad. “Trabajamos todos juntos”, resume.

Para Ramón, además de ser una fuente de trabajo, el emprendimiento representa una forma de construir un futuro diferente para sus hijos. Cuenta que ellos crecieron viendo el esfuerzo de sus padres y que ahora también forman parte de esa tarea cotidiana.

“Les queremos enseñar el camino, que trabajando se pueden hacer las cosas”, sostiene.

Pero detrás de cada bolsa de pan y de cada tortilla hay una rutina que requiere mucho más que saber cocinar. Ramón destaca que uno de los secretos para sostener una clientela es estar presente todos los días.

“Para hacer pan casero, por ahí mucha gente dice que es fácil, pero hay que estar todos los días y ser constantes”, explica. Según cuenta, si un vendedor aparece un día y luego deja de hacerlo durante varios, los clientes dejan de confiar y buscan otro lugar.

Esa perseverancia fue justamente la que les permitió construir una clientela fiel. Con el tiempo, además de los vecinos de Alta Gracia, comenzaron a acercarse personas de otras localidades, especialmente durante los fines de semana.

Ramón asegura que reciben clientes de Carlos Paz y distintos puntos de Córdoba que llegan para comprar pan, tortillas, salame y otros productos que ofrecen en sus puestos.

El camino tampoco estuvo libre de dificultades. El propio Ramón reconoce que no todo salió perfecto desde el comienzo y agradece la paciencia de quienes los acompañaron durante ese proceso.

“Estamos agradecidos con la gente de Alta Gracia, principalmente, porque confía en nosotros y también nos toleró en los errores que cometimos”, expresa.

Hoy, aquel emprendimiento que comenzó como una aventura familiar forma parte de la rutina de muchos vecinos. Entre madrugadas, hornos, puestos y bolsas que se despachan a toda velocidad, Ramón y su familia encontraron en Alta Gracia un lugar para crecer y construir el futuro que buscaban.

Y así, casi sin darse cuenta, el “Pan Casero al Misionero” dejó de ser solamente un puesto de venta para convertirse en uno de esos lugares que los vecinos ya reconocen por el nombre, por el aroma y, sobre todo, por la historia que hay detrás.

nakasone