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¿Vos cómo lo ves?

¿Vos cómo lo ves?. Hoy: «Los celos, enemigos peligrosos»

¿Vos cómo lo ves?. Hoy: "Los celos, enemigos peligrosos"
Lic. Patricia Orofino (*) Psicopedagoga Psicoterapeuta Familiar
Mat. 5108-76

María Marta Serra Lima cantaba: “Tengo celos hasta el pensamiento que pueda recordarte a una persona amada…”

También hemos escuchado varias veces frases tales como:

“Si tiene celos, es porque te quiere”… ”Soy celoso porque te amo”…

“Preocúpate cuando deje de celarte porque quiere decir que ya no está enamorado”

¿Cómo lo ves? ¿Escuchaste alguna vez estos comentarios?

Celos Normales vs. Patológicos

Los celos como todas las emociones son normales en una medida adecuada y… hasta cierto punto. Sin duda todos los seres humanos desde la niñez, ya experimentamos este sentimiento de celos cuando nace un nuevo hermanito; luego se va manifestando de distintas maneras a lo largo de la vida.

En condiciones normales los celos nos hacen proteger a quienes queremos.

Si hay motivos, todas las personas somos celosas. Si nos dicen: “No soy celoso”. ¡¡No es cierto!!

Una cosa es sentir celos al ver a tu pareja besar apasionadamente a otra persona y otra, es si también los siento si está saludando amablemente a un compañero de trabajo.

En el primer caso, habría un motivo, aunque es posible que la reacción se convierta en algo extremadamente violenta.

En el segundo caso, ya estaríamos hablando de celos patológicos.

“El amor es fuerte como la muerte; los celos son crueles como la tumba”

                                                                                                                                Salomón

Los celos son una emoción tan intensa que no debiera negarse o suprimirse  porque al esconderlos seguirán ahí como brasas calientes, latentes y peligrosos. Funcionan como una olla a presión,  que a la primera sospecha, explota como un volcán.

Se convierten en patológicos cuando por ejemplo,  hablando de celos en la pareja, la idea de infidelidad se convierte en obsesión. Los pensamientos son constantes e incontrolables; se van potenciando y surgen como cataratas en nuestra mente, transformándose finalmente en una profecía auto cumplida.

“El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina, le basta.”

                                                                                                                                   Jacinto Benavente

Ejemplo:

Diana, ama de casa está en pareja con Héctor. Él trabaja como administrativo en una empresa. Diana conoce la empresa, porque en algunos momentos lo ha ido a esperar a la salia. Allí siempre observaba la familiaridad con la que Héctor se relacionaba con las compañeras de trabajo, entre las cuales, Diana identificó a algunas que eran atractivas.

Él le comenta que recuerde que algunos días al mes al salir del trabajo, se reunirían en algún bar con los compañeros para el After Office; por lo cual llegaría un poco más tarde de lo acostumbrado a la casa.

Diana, a  partir de lo que percibió cuando lo buscaba en la empresa, comenzó a imaginarse escenas románticas de su pareja con alguna compañera. Por ello, cada vez que él volvía de esas salidas comenzaba un interrogatorio acusatorio, peleas y discusiones cada vez más violentas.

Un día, cansado de tantos reproches injustificados y sintiéndose como preso en esa relación, decide terminar e  irse.

¿Cuál podría ser la raíz de los celos de Diana?

Podemos especular a modo de análisis, que puede ser posible que ella no haya tenido el apego maternal, tan necesario en los primeros años de la infancia. Esto daría lugar a una sensación de baja autoestima, de auto rechazo a ciertas características propias y así, con ese rechazo se sintiera desvalorizada. Es posible que entonces, la llevara a una gran dependencia con la pareja y un sentimiento de posesión y miedo al abandono.

La desvalorización y la dependencia son las causas principales de los celos excesivos. Cuando se viven estas situaciones es difícil creer que alguien pueda valorarme y si alguien me demuestra que soy valiosa, empiezo a dudar de su veracidad y se sigue así viviendo en esa ambigüedad frustrante.

¿Existe una demostración de amor más grande que la persona que tenemos al lado sea feliz, y tenga la libertad para hacer lo que  quiere?

Un relato tragicómico

Les comparto algunos párrafos significativos del cuento «Los Celosos” de la escritora Silvina Ocampo esposa de Adolfo Bioy Casares. Me he permitido con todo respeto, la licencia de  resumir  comentarios sacados del mismo texto, por ser el mismo demasiado extenso. Los mismos están entre paréntesis.

«Irene Peineta era la mujer más coqueta del mundo; lo fue de soltera y más aún de casada. Nunca se quitaba para dormir el colorete de sus mejillas, el rouge de sus labios; las negras pestañas postizas; las lentes celestes de contacto. Su marido no sabía que Irma era miope, que no tenía ojos celestes y que sus pestañas eran rubias y escasas. Él siempre había declarado: «Me casaré con una rubia de pestañas oscuras como la noche y de ojos celestes como un cielo de primavera”

Irene no solo dormía con todos sus afeites; dormía con los jopos y postizos de peluquería. Dormía apoyada en cinco almohadas. Como era muy bajita se hizo hacer zuecos con plataformas de veinte centímetros. Nunca se los sacaba, ni para dormir. (El marido estaba muy enamorado de su alta figura, de su dorado cabello ondulado y de sus labios sensuales). Y se decía “¡la pucha que me da miedo! Estaría más tranquilo si fueras una enana, mal peinada. A veces me dan ganas de querer a una mujer así… sabes?.

Un día a Irene se le rompió un diente andando a caballo. Buscó un dentista y sin decirle nada a su marido, se iba por las tardes al consultorio. El marido se preguntaba: ¿A dónde se iría Irene todas las tardes?. Un día la siguió y la vio entrar a un edificio. Llovía. Él se quedó en la planta baja parado con su paraguas que mantuvo cerrado.

El dentista acompañó a Irene al ascensor y mientras le guiñaba un ojo, la invitó a pasear. Ella se ruborizó y él le preguntó si sentía enojada: “Sonría. Muéstreme mi obra de arte”.

“El marido había oído esas frases pronunciadas con voz sensual. Irene bajó rápido hasta donde él estaba y ciego de rabia y celos, el marido le pegó con el paraguas en la cabeza y así se le rompió el diente recién arreglado y al mismo tiempo se le cayeron los lentes de contacto; las pestañas; los postizos del pelo y los zuecos volaron por el aire. No la reconoció. “Disculpe señora la confundí. Creí que era mi esposa. Ojalá fuera como usted; no sufriría tanto como estoy sufriendo«.

Se alejó culpable de haber dudado de la honestidad de su mujer.

Este ejemplo confirma cómo repercute negativamente el hecho de rechazar todo aquello de su persona que no le gustaba; a punto tal, que se convirtió en alguien totalmente diferente para sentir que su esposo le demostrara que era valiosa, no solo hacia los demás, sino hacia ella misma.

El rival de los celos no es alguien de carne y hueso, sino la imagen de lo que se quiere llegar a ser.

Los celos no son nunca una demostración de amor, se acerca más a una destrucción del amor. Son una tortura para la vida en sí.

“Son los celos cierto temor, tan delgado, tan sutil, que si no fuera tan vil, pudiera llamarse amor”.

López de Vega

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