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¿Vos cómo lo ves?

¿Vos cómo lo ves? Hoy: Corazones rotos

¿Vos cómo lo ves? Hoy: Corazones rotos
Lic. Patricia Orofino (*) Psicopedagoga Psicoterapeuta Familiar
Mat. 5108-76

En este artículo no me voy a referir al corazón que se enferma por afecciones cardíacas, las cuales son campo de la medicina.

Pero, es innegable que cuando una relación importante se rompe y se sufre por ello y existen emociones silenciadas; y grandes esfuerzos por recuperar al ser amado… tal vez, en algún momento, nuestro corazón se sienta herido.

Sabemos que en el ciclo de nuestra vida siempre estamos entrando y saliendo… estar dentro del acogedor vientre materno y de pronto romper ese vínculo para salir a la luz de la vida… lo estamos haciendo cuando exhalamos e inhalamos… nos despedimos del pasado y entramos en algo nuevo; ganamos y perdemos.

Por lo tanto, también todo el tiempo estamos sujetos a perder cosas… amistades… amores.

En una relación de pareja sabemos que conviven fuertes emociones y que en ocasiones, así como las olas del mar… Pueden parecer bravas, o tan suaves que sentimos que nos acunan y otras nos arrastran hasta el fondo del cual pensamos no poder salir!!

Y cuando esto pasa porque uno de los dos de ese vínculo dice que “ya no te quiere y no quiere seguir la relación”, inmediatamente te sobreviene un aturdimiento Un no poder creerlo… ¡¡¡si todo iba bien!!!

Miguel Bossé canta: «Morir de amor, despacio y en silencio»

Hay personas que dejan de ser ellas mismas por querer mantener una relación, aunque ésta sea tan angustiante, que finalmente nos enferma.

Aristóteles decía: “Amar es alegrarse y sorprenderse y quedar atónito ante un clic que se produce con alguien que no entraba en sus planes”

Para amar no hay que morir de amor, sufrir, humillarse, ser uno con el otro… si se dejó de amar, no hay milagro que haga volver a la persona amada. ¿Qué hacer entonces?

Barajar y dar de nuevo

“Todas las pasiones son buenas cuando uno es dueño de ellas, y todas son malas cuando nos esclavizan”. Jean. Jacques Rousseau

Es importante aprender a perder lo que ya no depende de uno y ya que una relación se construye de a dos… es también empezar a analizar aquellas cosas ocurridas que son parte de nuestra responsabilidad.

Tener presente lo malo de esa relación para no exagerar los atributos positivos que hará más lento el proceso de duelo.

Aprender de esos errores, perdonar y perdonarse… seguir creciendo y avanzar.

Es mejor invertir energía en sanar aquello que nos corresponde, que lamentar lo que pudo haber sido y no fue. Y con el tiempo, hasta podemos sentirnos agradecidos de esa ruptura que permitió  encontrar a alguien, que verdaderamente nos ame.

Si no es así, habríamos recuperado la autoestima y empezaríamos a vivir más saludablemente.

El camino del duelo

Una amiga me cuenta que  decidieron separarse porque ya no funcionaban como pareja, pero cada uno seguía enojado y frustrado con el otro. Obviamente sin haber podido expresar sus sentimientos y desacuerdos. Al cabo de un tiempo, en que supuestamente él ya estaba saliendo con alguien, comenzó a enviarle mensajes a mi amiga, con alusiones a lo vivido y que por momentos la extrañaba.

Obviamente esta situación impedía que no se pudiera dar fin al vínculo y comenzar el duelo de esa pérdida.

No es fácil saber lo que queremos. A veces, distintas voces de nuestro interior desean cosas diferentes y en cuanto elegimos satisfacer a una, la otra grita.

La voz interior es necesaria para la supervivencia; a veces nos están diciendo que eso no es bueno para nuestra vida.

¡Cuando se rompe un vínculo, no se rompe la capacidad de amar!

Las penas de amor son dolorosas pero son temporales.

Si una pena de amor se hace crónica, hay otro problema que impide separarse de lo que fue y poder volver a iniciar otro lazo afectivo.

En el posterior momento a la ruptura es importante estar acompañado… no entrar en ilusiones sino asentarse en la realidad para poder realizar acciones que ayuden a nuestra reparación.

No sirve potenciar el tema sino calmarnos y entender qué es lo que pasó.

Como expresa el psicólogo Gabriel Rolón: “el duelo es un territorio misterioso. Una conmoción que nos sorprende, nos toma desprevenidos y cambia nuestro entorno en un instante”

Incluso aunque ya sepamos que las cosas no funcionan, igual nos sentimos como en un abismo, un vacío… es que se fue algo que pensamos que era nuestra felicidad y se rompió la ilusión!!!

Que disfruten el fin de semana

¡¡Hasta la próxima!!

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