En esta sección te invitamos a conocer las historias de altagracienses que viven en diferentes partes del mundo. AGNoticias dialogó con Micaela quien vive sobre los yates más exclusivos del Mediterráneo, combinando su trabajo con viajes por más de 15 países, mientras transforma cada experiencia en aprendizaje y libertad personal.
En AGNoticias la sección «Altagracienses por el Mundo» ya es un clásico de nuestro portal informativo. Un espacio dónde les acercamos los lectores historias de vecinos, amigos o familiares que dejaron su ciudad natal y que ahora están viviendo diferentes experiencias alrededor del mundo. En esta oportunidad, conocemos más a la altagraciense Micaela Soriano.
Su vida en Alta Gracia parecía encarrilada: había estudiado Hotelería y Turismo, se había formado como profesora de danza jazz y, con esfuerzo, había levantado su propia agencia de marketing digital.
En poco tiempo había logrado lo que muchos sueñan: más de 45 clientes en Argentina y el exterior, estabilidad económica y reconocimiento profesional.
Pero algo en ella no terminaba de encajar. “Soy una persona que se aburre rápido de la rutina y lo monótono. Sentía que el mundo tenía demasiado para mostrarme”, confesó.
Esa incomodidad fue creciendo hasta convertirse en certeza: necesitaba soltar todo y animarse a lo desconocido. Fue así como, en el mejor momento de su carrera, tomó la decisión más radical: dejar la oficina, empacar lo esencial y salir al mundo sin un plan de regreso.

Viajar como una forma de vida
El espíritu viajero no le era ajeno. Desde pequeña, se había acostumbrado a los aeropuertos y las valijas. Tenía apenas 11 años cuando se subió sola a un avión rumbo a Brasil, para reencontrarse con sus padres que la esperaban allí. Esa experiencia temprana, recuerda, le dio una independencia inusual para su edad.
El gran salto, sin embargo, llegaría más tarde. Acompañada de su amigo Martín Lapidus, se embarcó a Estados Unidos sin fecha de retorno. Allí pasó casi tres años trabajando y recorriendo.


Fueron tiempos de largas jornadas laborales mezcladas con rutas interminables, paisajes cambiantes y una vida que la obligaba a reinventarse día a día.
Cuando volvió a la Argentina, la sensación fue extraña: todo estaba igual, pero ella ya no era la misma. “A los tres meses ya estaba planeando irme de nuevo”, dijo, sonriendo.
Entre islas y montañas
España se convirtió en su nuevo punto de partida. Primero Ibiza, donde vivió nueve meses entregada a la intensidad de la temporada de verano.
Después Andorra, a donde llegó solo para visitar a una amiga y terminó quedándose a trabajar durante el invierno. Allí aprendió a hacer snowboard, disfrutó de la vida en la montaña y se dejó seducir por un ritmo de vida totalmente distinto al de las islas.
Ese ciclo —verano en Ibiza, invierno en Andorra— lo repitió durante dos años. Y en el medio, nuevas rutas se abrían: India, Tailandia, Indonesia, Emiratos Árabes, Portugal, Francia, Holanda, Colombia y otros destinos que se fueron sumando a la lista.
Cada país le dejó una huella: los templos en Asia, los sabores intensos de Oriente, la modernidad de Dubái, la calidez latinoamericana. Hoy su presente está en Mallorca, donde encontró un punto de equilibrio entre trabajo, vida social y mar.


Una doble carrera profesional
Micaela siempre supo que quería un trabajo que no la atara a un lugar fijo. El marketing digital fue ese pasaporte: manejo de redes sociales, campañas online, SEO, SEM, diseño gráfico, fotografía. Más de siete años de experiencia que le permitieron trabajar desde cualquier parte del mundo.
Pero el destino le tenía preparado un giro inesperado. Al instalarse en las islas españolas descubrió el mundo de la náutica. Se formó como marinera y azafata de yates de lujo, un rubro exigente donde cada detalle importa: desde atender a pasajeros que pagan cifras millonarias por una semana en el mar hasta cumplir tareas de mantenimiento y seguridad a bordo.
“Es un trabajo intenso, pero también lleno de aprendizajes. Combina lo mejor de mis dos mundos: el mar y la posibilidad de seguir viajando”, explicó.
Hoy reparte su tiempo entre ambos oficios: el marketing digital, que mantiene vivo su costado creativo, y la vida en los mega yates, que le da adrenalina, estabilidad y nuevas experiencias.


Conseguir trabajo y vivienda en el extranjero: la apuesta de empezar de cero
Hablar con Micaela es escuchar a alguien que aprendió a relativizar los problemas. Conseguir empleo o vivienda en otro país no es sencillo, pero para ella el secreto está en la actitud.
“Trabajo hay en todos lados, solo depende de las ganas y la predisposición. Lo importante es no tener miedo a empezar desde cero”, sostuvo.
Esa flexibilidad también la trasladó a lo material. Se acostumbró a viajar con poco, a desprenderse de objetos y a adaptarse a diferentes estilos de vida: desde compartir un piso con otros trabajadores de temporada hasta vivir en la cubierta de un yate o dormir en una carpa.
“El desapego es lo que más me ayudó. Me cuesta muy poco dejar cosas atrás para vivir nuevas experiencias”, reflexionó.

Aprender a valorar lo simple
No todas sus experiencias fueron glamorosas. Una de las más duras —y a la vez más formativas— ocurrió en California, donde pasó siete meses viviendo en una carpa junto a su amigo.
“Cocinábamos al aire libre, usábamos un baño seco, nos bañábamos en el río y muchas veces conseguíamos comida gratis en centros de alimentación”, recordó.
Lejos de tomarlo como un fracaso, Micaela lo considera un punto de inflexión: “Me enseñó a vivir con poco, a valorar cada cosa y a disfrutar lo simple. Ahí sentí que mi vida cambió para siempre”.

Idiomas, sabores y costumbres
La adaptación a nuevos países nunca le resultó traumática. Gracias al inglés que su madre —la profe Moni— le inculcó desde chica, pudo comunicarse con fluidez en la mayoría de los destinos. Eso, sumado a su carácter abierto y sociable, le permitió tejer redes rápidamente.
Con la comida fue igual: la ve como una puerta de entrada a la cultura local. Se animó a probar platos picantes en Tailandia, mariscos frescos en Portugal, combinaciones exóticas en Indonesia.
India fue un desafío: “Al principio me daba impresión todo, pero después me animé y descubrí sabores únicos”. Para ella, cada viaje también se recuerda en la mesa: lo que se probó, lo que se compartió, lo que quedó como sabor de fondo.
Por otro lado, en Mallorca disfruta la estabilidad económica y la posibilidad de vivir cerca del mar. “Hoy no me imagino mi vida lejos del agua”, admitió. Caminar por el puerto, ver zarpar los barcos, sentir la brisa salada: todo eso forma parte de su rutina cotidiana.

Un mensaje para quienes sueñan con viajar
Cuando se le pidió un consejo para quienes dudan en dar el salto, Micaela no dudó: “Viajar es una experiencia transformadora. Te abre la cabeza, te conecta con el presente, te cambia la forma de ver la vida”.
Para ella, viajar no es turismo de hotel con pulsera. Es sumergirse en la cultura: alquilar una casa en otro país, trabajar en oficios distintos, aprender idiomas, hacer amigos nuevos.
“No hay nada más enriquecedor. Es un regalo de vida”, aseguró. Tanto la inspira, que ya convenció a tres de sus amigas para que se animaran a vivir en el exterior.
¿Volver a Argentina?
Toda persona que emprende un viaje para irse a vivir a otro país lejano y ajeno, lleva consigo en su memoria los recuerdos de los seres queridos que dejó atrás.
Micaela relató que extraña lo de siempre: el ritual de los asados, los mates con su mamá, las sobremesas interminables que solo se entienden en un domingo cordobés. “Eso no se reemplaza con nada”, precisó con un dejo de nostalgia.


Aunque su vida se mueva entre islas y puertos, la joven no pierde de vista a Alta Gracia. “Hace más de tres años y medio que no voy y este año cumplo 30. Me gustaría celebrarlo allá, con mi familia y amigos”.
Y antes de cerrar, hizo un reconocimiento: “Quiero agradecer públicamente a mi amigo Martín Lapidus, porque fue él quien me impulsó a dar el primer paso”.
“Un día, en Alta Gracia, me preguntó si tenía la visa de Estados Unidos vigente. Al otro día ya estábamos comprando pasajes. Gracias a él descubrí todo este camino de viajes. Y hasta ahora no pude parar”.




