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La historia de cómo Dovi volvió a los brazos del pequeño Lautaro

Dovi ya juega junto a Lautaro, su pequeño dueño de 9 años. Final feliz para una novela donde pasó de todo en un par de días.

Dovi, por unos días, se convirtió en la mascota más buscada de la ciudad. La historia que encierra en sí mismo, los llantos desconsolados de un niño y la tenacidad de un padre hicieron posible el reencuentro.

Si a estos elementos en la historia de Dovi y su extravío le sumamos la buena voluntad de muchísimos vecinos que colaboraron, dieron datos y acercaron certezas, terminaríamos hablando de una novela rosa que -como tal- no podía tener otro final más que un final feliz.

Claro que como toda novela, la historia del regreso de Dovi a manos del pequeño Lautaro, también tuvo sus capítulos oscuros. De esos que muestran que la maldad o la mezquindad humana no entienden de sentimientos ni pesares ajenos. Al contrario, se aprovechan de ellos.

Dovi se perdió. Se extravió o lo robaron (vaya uno a saber qué pasó) y terminó en manos de un hombre vecino del barrio Liniers que lo tomó como propio y hasta le puso un nuevo nombre. Alguien que conociendo la historia no dudó en quedarse con el simpático salchicha sin importarle mucho lo que sintieran sus verdaderos dueños.

En los pocos días que Dovi estuvo fuera de su casa, hubo pedidos (y cobro) de dinero para dar datos que resultaron érroneos acerca de su paradero. Increíble, pero cierto. Así el papá de Lautaro recorrió rincones impensados de la ciudad, guiado por datos falsos que hasta casi le cuestan un disgusto mayor.

Todo ello inmerso en la historia del perrito que le fue regalado al pequeño niño hace dos años, cuando necesitaba mitigar con algo el dolor que le causaba el fallecimiento de su madre.

Pero también hubo mucha gente solidaria que lo buscó por cielo y tierra. Que recorrió las calles del barrio viendo si aparecía en algún rincón. Fue así como una vecina de Lautaro lo vio esta mañana de viernes.

Lo ubicó en manos de aquel hombre que mencionábamos arriba. Que primero lo negó para luego esconderse de la vista de la comedida vecina. Al rato, Lucas (papá de Lautaro) fue avisado. ¡Habían encontrado a Dovi! Y ese papá joven que sabe más que nadie cuánto significa este perrito para su hijo, no lo dudó.

Golpeó la puerta, esperó que el vecino saliera y le exigió que le devolviera a Dovi. Lucas sacó de su bolsillo los diez mil pesos que había prometido por datos. Increíblemente, el hombre que retenía al perro contra su voluntad, los aceptó.

«Hace dos años, cuando una enfermedad me llevó a mi esposa, la mamá de Lautaro, me di cuenta que el dinero es algo que viene y va. Ojalá que a este hombre le sirva para algo. Lo realmente importante es la felicidad que tiene mi hijo jugando de nuevo con su perro», nos cuenta Lucas dándonos una enseñanza de vida inigualable.

Un cuento de barrio. Una historia con muchos condimentos y como toda novela, con personajes que algunos se hacen amar, y otros terminan siendo odiados.

Como es la vida misma, por cierto.

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