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Concejo Deliberante, o cuando los gritos superan a los fundamentos

Concejo Deliberante,, o cuando los gritos superan a los fundamentos
Por Juan Carlos Gamero

Gritos. Podrían citarse a unos cuantos autores a la hora de referirse a la actitud de gritar. «No es más fuerte la razón porque se diga a los gritos», dijo el dramaturgo y maestro español Alejandro Casona. «Por tus gritos tan fuertes no puedo escuchar lo que estás diciendo», escribió alguna vez Ralph Waldo Emerson, poeta y filósofo estadounidense.

Pero claro solo sería googlear entre cientos de frases al respecto, y lo que uno busca, como periodista, es encontrar la razón entre las sinrazones de las discusiones estériles y altisonantes. Tan altisonantes que se terminan pareciendo a los alaridos de un jugador de fútbol fingiendo una infracción. O sea, gritos para la tribuna.

Pero más allá de evaluaciones y de pareceres, la realidad es una sola. En esta ciudad, en esta provincia, en este país, estamos hartos de que se quiera hacer valer una idea a los gritos. Tengan los gritos el color político que tengan. Como sociedad estamos hartos de las grietas y de quienes dicen aborrecerlas mientras esgrimen una pala en cada mano ahondando la brecha.

Si hay argumentos, deben exponerse. Con calma. Siempre con criterio. Con firmeza, por cierto, pero sin perder el respeto que la investidura tiene y el órgano legislativo merece. Si el interpelado no tuviera o no tuviera bases para su presentación, será el pueblo quien lo juzgue.

Como periodista, como ciudadano. Como vecino de esta ciudad me declaro ferviente hincha de quienes utilizan el diálogo para construir, y no el grito para justificar diferencias. Lo sucedido hoy en el Concejo Deliberante pasó de la raya.

Un bloque de concejales dispuesto a ejercer su legítimo derecho a citar a los funcionarios ante preguntas que hace días se vienen haciendo a través de las redes sociales. Los mismos concejales que siempre se quejaron porque los funcionarios no van al recinto, hoy se preguntaron: «¿para qué viene?» «¿por qué está acá el intendente?». Un intendente que ante la imposibilidad de hablar y el griterío reinante en la sala decide irse, y los mismos concejales preguntándose: «¿por qué se va?».

Una escena digna de una mala sátira sobre la forma de hacer política. Señores, señoras: no exijamos orden, no pidamos diálogo, no busquemos una sociedad con consensos mientras ustedes, los elegidos por el Pueblo, no están a la altura de las circunstancias.

Imágenes y sucesos como los de hoy solo alimentan a quienes, desde pensamientos bien alejados del ideario democrático, apuestan al caos y a la denostación de los distintos poderes constitucionales.

«Todos los hombres que no tienen nada importante que decir, hablan a gritos». Enrique Jardiel Poncela, escritor y dramaturgo español (1901-1952)

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