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Boliches y fiestas clandestinas: ¿Que hacemos con los jóvenes?

Otro domingo, otra fiesta desbaratada

En vista de la difícil situación que atraviesan los boliches y las poco seguras fiestas clandestinas, apareció una posible solución a ambos problemas. Dialogamos con madres, dueños de boliches y políticos para conocer el punto de vista de cada uno.

Los jóvenes de Alta Gracia son víctimas del sentimiento fiestero. Y no es su culpa, pero si carga sobre ellos la responsabilidad de tomar ciertos recaudos en medio de una pandemia. Algunos justifican las fiestas clandestinas porque «son jóvenes, necesitan divertirse». Otros, más precavidos, entienden el contexto y llaman a tomar cierta responsabilidad social en el asunto.

En las últimas semanas fuimos testigos de como estas reuniones masivas se van alejando del área urbana cada vez más, acercándose a lugares peligrosos. Los lugares no cuentan con la seguridad ni la asistencia médica necesaria. A esto se le suman los vídeos de público conocimiento donde la policía se mostró agresiva ante estas situaciones.

Una madre, vecina de la ciudad, comentó a AG Noticias su preocupación por los riesgos de dichas fiestas. Sus hijos asistieron a algunas y le comentaron sobre la agresividad de la policía sin motivo aparente. Sumado a esto, que cada vez sean más lejanas hace que los jóvenes deban trasladarse en auto, probablemente conduciendo con cierto grado de alcoholemia. «Como mamá eso me pone mal».

Esta vecina brinda una idea como posible solución. «Que se reúnan los dueños de los boliches con la Municipalidad para que les den lugares públicos donde hacer fiestas seguras. Y que ellos le saquen jugo a la barra, al espectáculo, etc».

La madre también advirtió sobre los pocos controles que se realizan en algunos locales bailables, que sobrepasan la capacidad permitida. «Es como la tierra de nadie», agregó

¿Que dicen los boliches?

Andrés Goya, dueño de Güemes, comentó estar en total desacuerdo con la idea de hacer fiestas organizadas en lugares públicos.

«Por que la ciudad va a ir a un lugar al aire libre, con todos los gastos que se requiere, cuando cuenta con un lugar enorme como el mío. Lo veo sin sentido que se vaya a armar semejante inversión cuando nosotros contamos con la infraestructura».

Andrés expresó que entiende la situación en la que se encuentran los jóvenes y la necesidad de salir. Recalcó la necesidad de que los boliches abran como una solución social y económica.

«Nosotros pedimos que se pueda trabajar con aforo. Hacer islas con un número de cantidad de gente. Hay que llevar los protocolos a las realidades y mirar todo el panorama. En un boliche juntas 70 personas, aún así es más peligroso un supermercado».

Con respecto a las denuncias que recibió Güemes debido a supuestos irregularidades en las fiestas de fin de año, declaró que ellos estuvieron en regla.

«Güemes cumple, la gente de la ciudad ha ido todo el mes. Nos manejamos con cierta capacidad y en año nuevo tuvimos todo en regla. Siempre repito que somos los mayores interesados en hacer que se cumpla el protocolo porque estuvimos mucho tiempo cerrados».

«Quien se estuvo quejando no es dueño de nada, son palabras sordas», finalizó.

¿Faltan controles?

Desbaratar cada una de las fiestas clandestinas resulta una tarea prácticamente imposible y Manuel Ortiz lo sabe.

«Es una situación compleja. Los jóvenes están cansados, no obstante hoy se pueden reunir con las medidas de bioseguridad y al aire libre», aclaró. «Estas fiestas no están permitidas simplemente por la cuestión sanitaria, no es que haya una idea de no permitir a los jóvenes reunirse».

Ortiz declaró que no ve la apertura de los boliches como una solución, sino que se debe apelar a la responsabilidad social.

«Supongamos que se decide abrir boliches, la intención sigue siendo ilógica porque lo que buscamos es que no haya contagios. Los jóvenes se van a seguir reuniendo, pero tenemos que apelar a que no lo hagan».

Con respecto a los controles, Ortiz declaró que «Es difícil controlar a los jóvenes. Los controles que se realizan a veces pueden ser insuficientes porque es difícil controlar a todos. Necesitamos reforzar la responsabilidad social. es la única forma de salir de esto. El Estado solo no puede salir a reprimir y controlar».

«La esperanza que tenemos es que la vacuna llegue a tiempo y no nos arrase la segunda ola como en Europa. Pero hoy la solución es tomar los recaudos necesarios».

Roberto Urreta, jefe de Seguridad Ciudadana, declaró que no hay «fiestas», sino «reuniones»

«Una cosa es una fiesta organizada, acá lo que se dan son juntadas de jóvenes en lugares determinados. Fiesta es cuando hay organización. Acá observamos que en espacios públicos se juntan un número considerable de jóvenes. Al mirador concurren sin convocatoria, dicen vamos y van».

La solución que encuentra Urreta, a contramano de Ortiz, es «habilitar lugares donde haya seguridad, baños y se cumpla el distanciamiento social. habitar grandes superficies donde los jóvenes tengan un espacio, cumpliendo las medidas de bioseguridad». La otra idea que ronda, según Urreta, es «poner toque de queda y que no salga nadie».

No hay luz al final del túnel

Mientras se discute que hacer con los jóvenes, el virus avanza y se ve probable que haya nuevas restricciones en los próximos días.

La irresponsabilidad social llevó a que la curva de contagios se dispare. Los jóvenes deberán esperar un poco más para recuperar la normalidad que se vivía antes de la pandemia.

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