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Falleció «Chiche» Laniado, uno de los símbolos del comercio de la ciudad

Falleció "Chiche" Laniado, uno de los símbolos del comercio de la ciudad

Alfredo «Chiche» Laniado falleció hoy, a los 88 años. Fue el dueño de Tienda «La Favorita», uno de los comercios más antiguos de la ciudad.

No hacía mucho, «Chiche» celebró sus 88 años de vida. Y lo festejó como durante toda su vida: trabajando. Ocupando su lugar detrás de la histórica caja registradora de la tienda que heredó de su padre y que convirtió en un símbolo de la ciudad durante décadas.

Tal cual lo dijimos en una nota homenaje que extractamos alguna vez de los archivos de Cosas Nuestras, Alfredo «Chiche» Laniado fue mucho más que el hombre detrás del mostrador. Laniado fue, entre otras cosas, uno de los comerciantes que ayudaron a crecer a la ciudad y a sus instituciones.

Dueño de un humor que a veces no reflejaba en su trabajo, pero sí entre sus amistades, Alfredo fue -entre otras cosas- el último sobreviviente de la Comisión Fundadora de los Bomberos Voluntarios de Alta Gracia.

Miembro de la Cámara Junior de comercio desde muy joven, abrazó el oficio de comerciante con pasión y hasta sus últimos momentos los pasó en «su» tienda de la primera cuadra de Avenida Belgrano.

Muy fiel a sus amistades, personaje digno de ser disfrutado y escuchado, Chiche fue uno de los mejores amigos que supiera granjearse el Padre Domingo Viera. Las religiones que profesaban uno y otro nunca fue obstáculo para que compartieran larguísimas reuniones de truco y cuentos.

Por voluntad propia, siendo aún un adolescente, se puso al hombro el negocio de su padre y así lo condujo con sapiencia y capacidad hasta nuestros días. Con su partida, se va un verdadero símbolo del mejor momento de la Alta Gracia comercial.

Los invitamos a recorrer, a modo de homenaje, aquella nota que alguna vez publicáramos luego de tener una entretenida charla con él.

Alfredo «Chiche» Laniado:

descubriendo al hombre detrás del mostrador

La figura de Chiche Laniado apenas asoma por detrás de la enorme caja registradora de fabricación inglesa que posee en su tienda. “Tiene más de 120 años, y está hecha con piezas de níquel”, cuenta Chiche sobre el aparato. Una verdadera pieza de museo dentro de uno de los comercios más tradicionales de Alta Gracia. Y de los más antiguos, ya que La Favorita va camino a su 93º aniversario.

Y allí está Laniado. Observando todo lo que pasa en su negocio. Ayudando a sus vendedoras para que el cliente se vaya siempre satisfecho; y allí es feliz. Porque es lo que eligió desde siempre, porque ha sido su vida. Hoy, con 88 años, hace un repaso de tanto tiempo vivido a pleno en la ciudad.

Hablar con él implica respetar sus silencios, sus pausas. Es un hombre a quien la experiencia le enseñó a elegir las palabras. Orgulloso de su vida, respetuoso de los demás y educado. Laniado ha sido durante décadas referente obligado de una ciudad que ha crecido al impulso de hombres como él, comprometidos y emprendedores. Su vida, su trayectoria, su familia y sus anécdotas, todo ello iremos recorriendo en esta nota.

Nace La Favorita

La historia de vida de Alfredo Laniado está directamente emparentada con Tienda La Favorita. Fue abierta en 1928 por sus padres “Ellos eran de Buenos Aires. Tenían negocio allá. Una noche salieron a pasear en coche mateo y los agarró una tormenta de agua, piedra, viento y frío. A raíz de ello, mi mamá sufrió un resfrío muy fuerte se hizo asma. Los médicos le recomendaron las sierras de Córdoba, y recalaron acá donde instalaron el negocio”, cuenta Chiche.

La Favorita originalmente estuvo al lado del Cine Plaza. De ahí se trasladó a lo que había sido el Hotel Suizo. Cuando se fundió el hotel, alquilaron los locales y en uno de ellos estaba la tienda. “Un día mi papá fue a Córdoba y cuando volvió, le habían robado absolutamente todo y tuvo que volver a empezar. Decidió mudarse al lado de la Panadería La Francesa; cuando hubo que achicar el salón porque estaba fuera de la línea de edificación se mudó a donde está hoy”.

Pero La Favorita también tuvo un domicilio provisorio en los ochenta, cuando el negocio y la casa de familia se trasladaron unos metros más abajo sobre Belgrano para derribar el viejo edificio y levantar una nueva construcción. Se edificó lo que hoy es la propiedad que alberga el negocio y los departamentos. En este sitio, La Favorita entrará en noviembre en sus 93 años de vida.

Primera Comisión Directiva de los Bomberos Voluntarios de Alta Gracia,
con Alfredo Laniado en sus filas.
Por decisión propia

Para “Chiche” Laniado estar detrás de un mostrador fue su elección de vida. “Cuando me recibí de Perito Mercantil, papá me ofreció seguir para Contador Público, él vendía el negocio y con los intereses me costeaba los estudios. De plano le dije que no, que quería trabajar junto a él. Y ahí fue, en 1950 cuando me puse al frente del negocio”.

Pero su historia de niño y adolescente es digna de repasarse. Alfredo nació en el año 1932. “De mis tiempos de niño, recuerdo que la Belgrano era de tierra; el lechero venía con la vaca, mi madre me daba una lechera de dos litros, él ordeñaba y así la tomábamos. Además, venían de la sierra gauchos con mulas con alforjas llenas de guindas”.

El estudiante

Hizo la Primaria en la Escuela Santiago de Liniers. El secundario en el Jerónimo Luis de Cabrera, en Córdoba, porque acá no había dónde. “Ibamos a Córdoba en tren. Le llamábamos el tren colegial, porque viajábamos todos los estudiantes. Salía a las 6:25 horas y demoraba una hora y diez minutos. Yo tenía unos 12 o 13 años y todos los días me levantaba a las 5 y media para desayunar y llegar justo cuando salía de la estación. Desde los doce años ya le ayudaba a mi padre en el negocio. Iba al colegio a la mañana. El tren llegaba de vuelta a las 14:30, hasta que almorzaba eran las 15, mi papá abría el negocio y entraba a ayudarlo hasta las ocho de la noche. Luego de cenar, tipo nueve recién iba a un escritorio a hacer la tarea y estudiar”.

Pero había materias que definitivamente le caían mejor que otras a “Chiche”: Matemáticas, Contabilidad, Física y Química. “Todo lo que fueran números me encantaba; pero las otras había que leerlas. Y no tenía tiempo…«

Le encontró una solución práctica: “el tren constaba de locomotora, coche de pasajeros y el furgón para las encomiendas, donde había un habitáculo para el encargado del correo con un escritorio. Pedí autorización para estudiar allí, así que subía al tren y me ubicada directamente a ese furgón. Con la cabeza despejada podía leer y estudiar todo lo que quisiera”.

El ajedrecista

El Club de Ajedrez de Alta Gracia funcionaba dentro en lo que es hoy el Museo de la Estancia. “Aprendí a jugar mirando como lo hacían los demás. Al poco tiempo jugué un torneo de Cuarta, y lo gané. Luego uno de Tercera, y también lo gané. Me pusieron a jugar condicional en Segunda. La primera partida que jugué fue contra Ernesto Caro, que era jugador de Primera, había leído un librito sobre estratagemas y él hizo la variante que justo había leído yo. En la jugada once, perdió un caballo; yo estaba que me salía de la vaina y le ofrecí tablas, pero no quiso y luego de algunas jugadas más terminó aceptándolas”.

Alfredo conoció a Raúl Espinoza, el mejor ajedrecista que dio esta tierra: “Fui muy amigo de él. Era bueno, era demasiado bueno”, cuenta. Poco después, el Club se disolvió. Alfredo jugó un tiempo más, pero lo abandonó.

El hombre público

Estando en el Rotary Club (fue Tesorero 30 años), se pidió una audiencia al intendente, y concurrieron todas las fuerzas vivas, entre ellas la Cámara Junior, donde él estaba. Ese día surgió la idea de los Bomberos de Alta Gracia. Para “Chiche” fue un capítulo muy importante de su vida. “Soy el único socio fundador de Bomberos Voluntarios que queda con vida”, dice con orgullo.

Se convocó la primera reunión, en el despacho del Escribano Bossi en octubre de 1959. Steven Harris resultó Presidente, Perico Antonello Vice, Bossi el Tesorero y Laniado el Pro Tesorero. “Empezamos a trabajar en silencio, nadie sabía nada salvo los más íntimos. Hasta el 25 de mayo del año siguiente, en el desfile que conducía como siempre el Maestro Bútori. Luego de los colegios, de la policía y los boy scouts, la gente empezó a cerrar las filas, y Bútori anunció por los parlantes: “¡Un momento! Que nadie se vaya porque van a desfilar los Bomberos Voluntarios”.

25 de Mayo de 1960, desfile patrio y presentación oficial del Cuerpo de Bomberos Voluntarios.
Todo un orgullo para la ciudad.

En este pasaje de la charla, a Laniado se le hace un nudo en la garganta y sus ojos se llenan de emoción. Apenas puede continuar, dice: “Nadie sabía nada. Cuando el Maestro nos anunció, apareció el primer jeep colorado con el abanderado, la moto bomba atrás y otros cuatro jeeps rojos, con tres bomberos parados cada uno, uniformados. A la gente no le alcanzaban las manos para aplaudir”. Para aquel debut público, Kaiser prestó los cinco jeeps colorados, se consiguieron los uniformes de Bomberos de Córdoba, y se reclutaron quince muchachos de distintos ámbitos.

“Fue nuestra presentación, y a partir de allí hicimos una conscripción de socios y una rifa, sorteando un Renault Dauphine. Vendimos números como para apenas comprar el premio, sin embargo la suerte estuvo de nuestro lado porque el número que salió por lotería no fue vendido, así que nos quedó todo lo recaudado”. Con eso, Bomberos compró el terreno y levantó los galpones para su primer cuartel, en calle Urquiza.

Alfredo, de entrecasa

La historia familiar de Chiche Laniado habla de papá Moisés y mamá Bahie (María para todos). De un hermano, Luis, a quien todos conocían por “Patita” que falleció a los cuarenta años. Y de tres hijos (Luis, Marcelo y Ricardo), que le han dado un “familión”: 12 nietos y 13 bisnietos.

Alfredo y el Padre Viera: una amistad de fierro forjada a cuento y truco

En el Rotary Club solíamos invitar al Padre Viera a las fiestas. Teníamos que buscarlo al Valle Buena Esperanza donde vivía, y yo era el designado para eso. Llegamos a tener una fuerte relación de amistad, nos tuteábamos y era una de las personas de quien aguantaba retos. En realidad, ya éramos amigos de mucho antes. Y aquí comienzan las anécdotas de su amistad: “El Padre se caracterizaba por contar cuentos… y yo también. El daba la misa, a las 11 se cruzaba al negocio y me preguntaba: “Che, ¿tenés uno nuevo?”, y nos intercambiábamos cuentos”.

El Padre Domingo Viera fue todo un personaje. Y uno de sus grandes amigos, fue «Chiche».

Pero hay más, y no tiene desperdicio: “Yo estaba recién casado. Era un sábado a la tarde y estaba atendiendo el negocio. Llegó Domingo y me dijo que le faltaba una pierna para el truco. Era habitual que nos juntáramos a jugar de tanto en tanto. Le dije que tenía que salir a cenar con mi señora. Teníamos quince días de casados«.

“Venite un ratito hasta que llegue otra pierna, y te vas”, me dijo. Total, que cerré el negocio y fuimos hasta la Casa Parroquial. Y allí, truco viene, truco va… asado viene, asado va… miro la hora y eran las 3 de la mañana!! Llegué a casa y la encontré a mi señora sentada en la cama, vestida. ¿Dónde estuviste?, me preguntó. Estuve con el Padre Viera, le dije… “Andá a contarle el cuento a otro”, me retrucó. Al otro día lo tuve que llevar al Padre a que le dijera que había sido así, porque a mí nunca me creyó”.

Ojalá que esta nota cumpla con el objetivo de hacer conocer un poco más al hombre que habitó tras el mostrador desde hacía varias décadas. Un ser humano respetuoso y respetable que formó parte –a no dudarlo- de la historia de la ciudad y a quien Alta Gracia le debe mucho.

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